Por Marcelo Beltrand Opazo
Los escritores y la muerte. Siempre se dice que los escritores escriben en contra de la muerte, que intentan trascender más allá de la propia vida a través de sus textos, de su obra, con poemas, cuentos, novelas y un sinfín de escritos, todos, para no ser olvidados, luchan en contra del olvido, que también, es otro forma de la muerte.
Entonces, los escritores escriben para trascender. Para no morir.
Porque la muerte comienza a instalarse en la vida, a través del olvido. Cuando poco a poco, las imágenes se van quedando en aquellos lugares de nuestra memoria que ya no podemos acceder fácilmente. Ese lugar que me imagino como un espacio pedregoso, lleno de pantanos y que las sombras están siempre presente, sombras que no dejan ver la luz, la luz que es la memoria.
La memoria, esa porfiada que no se va, que una y otra vez se encarga de decirnos aquello que muchas veces queremos olvidar. Pero también, es la que se ocupa de lo esencial, de lo importante de la vida. Borges dice que somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Rosa Montero, en su libro La loca de la casa escribe que, “(…) los narradores somos personas más obsesionadas por la muerte que la mayoría; creo que percibimos el paso del tiempo con especial sensibilidad y virulencia, como si los segundos tictaquearan de manera ensordecedora en las orejas”.
La muerte, la muerte. Para un país, la muerte empieza con el olvido de su propia memoria, de su propia historia. La muerte se instala con su sombra en las páginas de los libros, en los discursos políticos, en los consensos y los acuerdos entre cuatro paredes, en los pasillos del parlamento, en la sonrisa del candidato que ofrece el futuro sin memoria, porque el pasado es malo, es el culpable de todos los males del país. La muerte llega aun país cuando el olvido es ley.
Recordar, o mejor dicho la Memoria, es la huella de la vida, es lo único que nos puede decir que alguna vez estuvimos y fuimos hijos, padres, esposos. La Memoria, es el rastro que dejan los hombres, es la trascendencia misma. Y.
Sólo algunos olvidan, sólo algunos quieren olvidar el pasado. Generalmente, el Poder. Al Poder no le gusta recordar el abuso. Al Poder le molesta la historia de las personas, el Poder prefiere la Historia con mayúscula, no la historia chiquita, la de los eventos cotidianos.
Y para nosotros, sujetos finitos, qué es la muerte en nuestras vidas, como vivimos con la muerte los lunes, los martes, los miércoles, o sólo nos acordamos de ella cuando un familiar, un amigo o nuestro vecino fallecen.
La muerte nos acompaña, pero la olvidamos, porque es insoportable la convivencia con ella.
A lo mejor, la solución es pensar como Borges, que dice que la muerte es una vida vivida y, la vida, una muerte que viene.
Los escritores, los artistas, o mejor dicho, los creadores en general, se deben a su obra, que los trasciende, que permanece. Pero a su vez, sucumben. No son ellos los responsables de la permanencia de ella, la misma historia los exime de ese trabajo de marcketeo, son, finalmente, los otros, quienes se encargan de llevar a un tiempo transhistórico las obras de los creadores. La trascendencia está en los otros. La inmortalidad está en los otros.
La inmortalidad la vive el autor, cada vez que su obra es revisitada. Así, hablamos de la inmortalidad de los clásicos, de esas obras que como dice Italo Calvino son libros que nunca dejan de decir lo que tienen que decir.
La muerte, esa invitada de piedra a este festín que es la vida.
Pero, que hacemos entonces, con este miedo irresoluto al acto más inevitable que se nos presenta, en la vida.
Dejar que venga, dejar que llegue. Nada más. O salir a buscarla.
O, pensar en la inmortalidad.
Kundera escribe en el libro La Inmortalidad que Goethe no le temía a esa palabra, pero la inmortalidad de la que habla Goethe no tiene, por supuesto, nada que ver con la fe religiosa en la inmortalidad del alma. Goethe, cree en una inmortalidad completamente terrenal, de la de quienes permanecerán tras su muerte en la memoria de la posteridad.
Y los escritores que han buscado la muerte, que la han llamado a gritos.
Qué habrán pensado esos escritores del suicidio. Qué habrá pensado Virginia Woolf cuando se lanzó a las aguas del río Ouse en la primavera de 1941, con los bolsillos cargados de piedras para no volver a la superficie, para no volver a la vida y, quedarse, quedarse en la muerte. O, Artaud con un cancer a cuestas decide ingerir una sobredosis de láudano en 1948. En qué pensaban Cesare Pavese esa mañana, que toma la decisión de envenenarse en el Hotel Roma de Turín, nada menos que con 16 sobres de somníferos, el 27 de agosto de 1950. Qué pasó por la cabeza de Hemingway ese 2 de julio, que se dispararse de un tiro en la boca en 1961. Pensó quizas, pensaron a lo mejor que ya todo estaba escrito, que ya todo estaba perdido, pensaron en la inmortalidad de Goethe. O la realidad los aplastó.
Stefan Zweig se mató en Brasil junto a su secretaria Carlota Altman, con la que se había casado, huyendo de la persecución nazi. Alejandra Pizarnik se suicidó con barbitúricos el 25 de septiembre de 1972. Paul Celan se arrojó al Sena el 30 de abril de 1970. Vladimir Maiakovski se disparó con un revólver el 14 de abril de 1930. En 1911, agobiado por la pobreza y los problemas familiares, Emilio Salgari se abrió el vientre con un cuchillo de cocina, un harakiri.
Cada uno de estos escritores, sin duda, han trascendido, han pasado a formar parte de los inmortales. Sus obra, sus libros permanecen con nosotros y, de alguna forma, ellos permanecen, porque la obra del artista es su prolongación, es una parte de su vida, o su vida toda. A lo mejor, pensaron que ya sabían demaciado de la vida, y que ya era hora de conocer la muerte. O será, que entre letras y palabras, está el secreto de la vida, que no es otra cosa, que aceptar que la muerte es parte de la vida.
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Los escritores y la muerte
Mis amigos los Libros
Marcelo Beltrand Opazo
Presentar libros, es como presentar a un amigo, o en este caso a un grupo de amigos. Cuando pasa eso, cuando le presentamos un amigo a alguien, después queremos que nos digan cosas buenas de ellos. Yo quisiera que después me encontrara con uno de ustedes y me dijera: gracias por presentarme a ese amigo, genial lo que me contó. Eso es presentar un libro, o como hoy, presentar a toda una camarilla de amigotes.
Los libros, los libros. Borges decía que “de los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Libros, caminos y días dan sabiduría, reza un proverbio Árabe. Harold Bloom dice que estar a solas con un buen libro es ser capaz de comprenderse más a sí mismo. Y si es así, cabe preguntarse por qué en Chile se lee tan poco. En el estudio de la Fundación La Fuente “Chile y los libros, 2010, podemos leer que más del 50% de los chilenos no lee libros.
Pierre Jacomet, sabía todo esto sobre los libros y se, sin ninguna duda, que sabía algo más. Sabía mucho de estos amigos, me presentó varios en largas conversaciones. Me presentó a uno que yo solo conocía de nombre, lo había visto en alguna parte. Me presentó Raymond Queneau, y su libro Ejercicios de Estilos, Editorial Cátedra. Libro, en que por donde se lea, encontraremos ingenio, y una lección sencilla, se puede contar una historia, de 100 formas distintas. Queneau, ensaya, 100 formas de una misma historia, ensaya a lo mejor todas las formas de contar lo mismo, ensaya, la vida. Lo que nos lleva por otra parte, en este Congreso de Ciencias Sociales, a todas las formas que tenemos de leer una realidad. Queneau, se especializaba en estos juegos, junto a Italo Calvino y George Perec, crearon el Taller de Escritura Potencial el Oulipo, Taller que se caracterizó, en llevar al paroxismo, el lenguaje y sus variantes, la realidad y sus lecturas. Pero el proyecto Oulipo iba más allá, pues, fue la respuesta a un contexto, a un momento particular, fue la ruptura con una doble serie de ilusiones: las del surrealismo y las sartrianas. La declaración de principios se convirtió en un emblema: "Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca", se lee en la página 38 del libro La littérature potentielle, de la editorial Gallimard. En otras palabras, se plantea nuevas formas de leer la realidad.
Borges decía que ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica. Y Jacomet lo hizo, en su libro Un viaje por mi biblioteca, de la Editorial Catalonia, en este libro Pierre Jacomet nos muestra a sus amigos y, ensaya la crítica al ordenar sus lecturas. Este libro no devela sólo las aficiones del autor, sino, que podemos encontrar una pequeña guía de lectura, pues, encontramos desde el Bhagavad Gita, al Popol Vuh, también los rusos, autores de la Edad Media, libros y autores Contemporáneos y por supuesto, los clásicos. Encontramos en definitiva, su biblioteca.
Los clásicos, son esos libros de los cuales se suele oír decir: “Estoy releyendo...” y nunca “Estoy leyendo...”. O, “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Dice Italo Calvino, en su ensayo Por qué Leer a los clásicos. Es tal la fascinación de este autor, que escribe 14 razones para leer estos libros. Al igual que Jacomet, nos comparten su mundo, sus obsesiones. Cada uno construye una taxonomía de libros y de autores.
Y no puedo dejar de recomendar, a propósito de taxonomías, el libro Las Palabras y las Cosas de Michel Foucault, Editorial Siglo XXI, cuando se sorprende del listado que Borges hace en el texto “El idioma analítico de John Wilkins” y que nos dice:
“Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pensamiento —al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía—, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro. Este texto cita "cierta enciclopedia china" donde está escrito que "los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas".* En el asombro de esta taxonomía, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto”.
Literatura y Ciencias Sociales. Observar la realidad a través de esta. Foucault lo hace aquí y a lo largo de su obra. Pero, la pregunta que abre y nos arroja es “la imposibilidad de pensar esto”. La imposibilidad de pensar la realidad o, los límites de pensar lo social.
Imposibilidad que nos obliga a construir categorías y taxonomías.
El año 2009, la Universidad Diego Portales a través de su editorial, publica el libro “El arte de clasificar a los chilenos”, donde Alfredo Joignant y Pedro Güell son los coordinadores. Es evidente que no todos los chilenos somos iguales, nos dicen los autores en la introducción, pero es mucho menos evidente la respuesta a las preguntas ¿Cuántos tipos de chilenos hay?, ¿qué rasgos definen la identidad de cada grupo y cuáles los diferencian del resto?
Las clasificaciones sociales no vienen dada por la naturaleza, son una construcción social. Ellas son generadas por actores e instituciones con intereses específicos, sean estas iglesias, Estados, agentes del mercado, partidos, ciencias o localidades geográficas. Aún las aparentes clasificaciones “objetivas” que surgen de la cuantificación estadística de algunas características de la población, de la distribución del ingreso o de las caracterizaciones de las opiniones o estilos de consumo, dependen de criterios arbitrarios que permiten la selección de ciertas variables y no de otras. Las clasificaciones no se descubren, sino que se proponen.
Pero aunque las clasificaciones crean realidades, no son iguales a la realidad.
Éstas son algunas preguntas planteadas por este libro, todas ellas abordadas desde la economía, la sociología y la ciencia política. Este es un trabajo que escudriña el fino arte clasificatorio, cuyo resultado es una compleja representación de grupos extraordinariamente diversos, nos dice este libro.
Clasificar, ordenar a los chilenos, es posible hacerlo, o nos pasará lo mismo que a Foucault con la lista de Borges, nos pondrá frente a la imposibilidad de pensar eso.
Claudio Magris, dice en la contraportada de su libro Danubio, que “El libro es un recorrido laberíntico, en la búsqueda del sentido de la vida y de la historia; el viaje, antiguo y a la vez abierto a la más fugitiva realidad de nuestros días, se convierte en una metáfora de la existencia y una aventura en la crisis contemporánea, una odisea de la identidad”.
De la identidad, una odisea. El encuentro que tenemos con el libro es una experiencia total, una experiencia de vida.
El FCE publicó un libro que se titula Breve historia del alma, de Luca Vanzago. ¿Qué es el alma? ¿Dónde se encuentra? ¿De dónde viene? Interroga el autor. El hombre ha intentado responder a estas interrogantes desde mucho tiempo antes que la filosofía reflexionara acerca de ellos. La continua renovación de estas cuestiones a lo largo de los siglos bajo formas muy diversas propone una y otra vez el problema acerca del sentido de la vida y la existencia. El concepto de alma ha sido abordado desde distintas posiciones filosóficas, muchas de ellas opuestas, se lee en la contratapa. En este libro Luca Vanzago busca puntos de contacto entre dichas posiciones con el objeto de lograr una perspectiva que permita reconstruir el significado general de un término que posee múltiples sentidos. Hablar de alma significa hablar de un problema que no encuentra su verdad y auténtica respuesta y solución, de una forma definitiva, sino, por el contrario, en la continua reapertura de la indagación, en la no agotada e inagotable sed de saber qué es el alma, como interrogante, duda o tormento que cada uno siente al preguntarse quién es y por qué es.
Fernando Pessoa escribe en el Libro del desasosiego, edición EMECE, “¿Conoce alguien las fronteras de su alma como para decir, yo soy yo?
Odisea de la identidad como dice Magris. Vuelvo a esas palabras una y otra vez.
Un espejo es un fenómeno físico que causa la reproducción de una imagen en una superficie pulida por la reflexión de la luz. Durante la alta Edad Media, apenas se hizo uso del espejo. Ya, en el siglo XIII, aparecen los primeros espejos de vidrio y cristal de roca sobre una lámina metálica, aunque su uso estuvo poco extendido a nivel popular, al ser considerado poco sobrio y un elemento de vanidad en plena época escolástica.
Los espejo, objetos que reflejan, objetos que nos reflejar.
Borges escribe en el poema Los espejos:
Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos
Estadio del espejo es el nombre que Lacan da al fenómeno que se produce entre los 6 y los 18 meses de edad, cuando el “cachorro” humano reacciona con alborozo al contemplar su imagen en el espejo. Hasta ese punto, el cuerpo no es percibido más que como una serie de sensaciones fragmentadas. Al ver su imagen ante el espejo el niño adquiere la noción de completud de su cuerpo. La imagen que da curso a la adquisición de la noción de completud puede ser una imagen captada en un espejo o bien, la imagen de otro niño. La completud aparente abre la posibilidad de un nuevo dominio del cuerpo.
Al identificarse con un "otro" no es entonces de extrañar que cuando el otro llore el niño llore también, y cuando el otro posea algún objeto, el niño también lo quiera. El Yo se construye, entonces, a partir de una imagen externa, lo cual implica que la identidad nos es dada desde afuera.
Odisea de la identidad como dice Magris.
En el libro Las Memorias de Adriano, editorial Seix Barral, Marguerite Yourcenar construye un personaje, le da identidad al emperador Adriano. La autora nos impresiona con este libro, que no solo está excelentemente documentado, sino, que da vida a un personaje que reflexiona, piensa, sufre y vive en una época que no es la nuestra. En formato de carta, Adriano le escribe a Marco, y se despliega todo un mundo, todo el mundo romano, pero, pero estamos hablando del año 117 d.c., cuando es nombrado Emperador, el sucesor de Trajano.
Con este libro, nos podemos preguntar sobre la identidad, de cómo se va construyendo, con el paso de los años, pero sobre todo, en nuestra niñez. Adriano recuerda y reflexiona. En un ritmo tranquilo, este libro se lee como un texto de historia.
Gabriel Salazar, escribe en su libro Ser niño “huacho” en la historia de Chile (siglo XIX), editorial LOM, que “La historia no es un secretillo de adultos, sino una realidad movediza y envolvente que baña a los adultos lo mismo que a los niños; aunque, tal vez, de distinta manera. Se derrama sobre todos los cercos protectores. Cruza todas las cordilleras verbales. Se filtra a través de todas las burbujas que rebotan en los vidrios”.
La identidad, se aprende y se aprehende desde que nacemos y que está más cercana a la historia, propia, de nuestras familias, en nuestras casas y en nuestro entorno, en el país, en el territorio.
La editorial LOM publicó hace unos años, un libro titulado ¿Chilenos todos? La construcción social de la nación (1810-1840) de los académicos Julio Pinto Vallejos y Verónica Valdivia. En este libro los autores reflexionan sobre lo que nos constituye como nación, o lo que es lo mismo, sobre lo que nos cohesiona como sociedad. La pregunta se hace particularmente en lo que respecta a los sectores más desposeídos y marginalizados, entre los cuales, paradójicamente, los sentimientos nacionales suelen darse con mucha fuerza. Este libro explora en los orígenes de esta sorprendente relación, desde la formación de la Primera Junta de Gobierno hasta el término del primer decenio “portaliano”. Identifica allí los mecanismos a través de los cuales la aristocracia que dirigió la construcción social de la nación procuró incluir o excluir a las y los sujetos populares.
El escritor argentino Leopoldo Marechal dice que “La historia no es una ciencia; es el arte de mostrar una cara limpia y esconder un culo siniestro.
Nuestra identidad, nuestra historia.
Jorge Larraín escribe en su libro Identidad chilena de la editorial LOM, que “la identidad no es una esencia innata dada sino un proceso social de construcción”.
Nuestra identidad está ligada a la historia y cuando hablamos de historia hablamos de memoria. En el libro “La emergencia indígena en América Latina” de José Bengoa, editorial FCE, el autor escribe que “La Historia Republicana, sobre todo en América Latina, han sido y son un intento de relatar la voluntad de unidad del Estado. Es por ellos que los niños en las Escuelas suelen ser bombardeados con fechas de batallas, nombres de próceres, en fin, la historia centralizada, lo más posible, del Estado. Muchas veces ese Estado que aparece ya construido desde una cierta eternidad mítica, es y ha sido un complejo proceso en construcción, no siempre exitoso, tanto ideológico político como técnico profesional”.
Es tan brutal la enseñanza de la Historia, que la etapa anterior a la llegada de los españoles, se le denomina pre historia. “Las culturas y pueblos indígenas quedan normalmente confinadas a un confuso período, en algunos casos heroico, anterior a la Conquista o al choque fecundo que produce el mestizaje” dice José Bengoa.
“La violencia simbólica es una violencia que se ejerce con la complicidad tácita de quienes la padecen y también, a menudo, de quienes la practican en la medida en que unos y otros no son conscientes de padecerla o practicarla” dice Pierre Bourdieu.
“El ideario central en el proceso de formación de naciones en Latinoamérica”, dice Bárbara Silva en su libro Identidad y nación entre dos siglos de la editorial LOM, “proviene, precisamente, del mundo moderno, de las naciones desarrolladas del Atlántico norte. Sin embargo, esto no justifica que por muchos años, e incluso hasta la actualidad, haya primado el afán de imitar por sobre el de apropiar”.
Identidad, Nación, Memoria. Claramente se unen, se juntan, convergen.
Benjamin, dice que “el cronista que hace la relación de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, responde con ello a la verdad de que nada de los que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia”.
Creo que nos falta mucho aún, para construir una identidad nacional, completa, con los grandes y con los pequeños acontecimientos. Con todos los actores, antes y después de los españoles.
A lo mejor nos perdemos en digresiones. A lo mejor buscamos lo complejo de la realidad y no hemos entendido, como dice Bourdieu que “nada hay más arduo que reflejar la banalidad de la realidad”. Son esos detalles, nimiedades banales, donde se vive el sustrato de los que somos.
Y como dice Anatole France, “el porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueño”. Estamos aquí, en este enorme auditorio hablando de libros, frente al mar.
Volvamos a la literatura, Borges dice que “uno, no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Por lo mismo, quiero recomendar libros.
El año pasado Ricardo Piglia publicó el libro Blanco Nocturno con la editorial Anagrama. Este libro se puede definir como una novela total. Un libro que maneja el género policial en forma notable; donde se conjugan los conflictos reales, en un mundo ficcionado; los conflictos campo-ciudad; los prejuicios. Esta novela se inicia como una novela de personajes, como señaló Piglia en una entrevista en Página 12, pero que termina como una novela sobre el campo. Llama la atención que el personaje, que creemos el principal, de pronto, salga de escena y otro tome su lugar. El dinamismo que eso trae, permite la profundad en la historia, imaginar completamente la vida de aquel pueblo. ¿Quién es el personaje principal? Croce, Luca Belladona, Renzi, Tony Durán. Piglia, al igual que Onetti o García Márquez, construye un espacio donde todo es posible, con leyes y códigos propios. En momentos nos recuerda a Santa María de Onetti: la fábrica, el abandono y el sueño de la redención; un extranjero, las noticias y las lejanías de la civilización. Todo un mundo.
La llegada de Tony Durán al pueblo, no es el inicio de la historia, sino, que encaja en otra historia que comenzó con el primer Belladona, el fundador del pueblo. Tony
Durán, es parte del engranaje central, el chivo expiatorio, y su asesinato es la pieza que faltaba para que la maquinaria siga funcionando. El comisario Croce y sus métodos, casi sobrenaturales aportan el ingrediente de realismo mágico. Las hermanas Belladona, con su belleza, su arrogancia, su ímpetu, el misterio propio del género, no hay una mujer, existen dos iguales, dos hermanas gemelas que son el aceite, el lubricante de la máquina. Toda una maraña de sucesos y circunstancias que van envolviendo la lectura, complejizando el desenlace. Sin duda, una novela total.
Y como dice Jaime Balmes, “en la lectura debe cuidarse de dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien”.
El escritor Mauricio Electorat me recomendó que leyera a Jean Echenoz, y lo busqué y leí Correr, uno de sus últimos libros y que publicó la editorial Anagrama. El personaje de esta novela, corre para huir de la dictadura, pero, a la vez, para el régimen es un símbolo, un ejemplo y un rehén, todo junto. Echenoz devela los sistemas autoritarios, tanto el nazismo como el régimen comunista y su pesada sombra en Checoslovaquia, y lo hace a través de la figura de un personaje real, pero ficcionado en este libro, el personaje es el atleta Zátopek. Quién corre, corre a lo largo de las 140 páginas que componen este libro. Corre más rápido que la historia de su país y del mundo. Porque, correr es lo que le daba la vida, pero al mismo tiempo se la robaba, recalca Echenoz. Con un tono directo, sin distracciones en la prosa, el autor invita al lector a leer la Historia, a través de las carreras de un personaje tan real como la ficción. En momentos, seco en las frases que calan hondo. En otros, deslumbra en cada intersticio, en cada descanso que permiten las competencias. Y finalmente, lacera su lectura, por la frialdad que sugiere el correr bajo el stalinismo y el terror de la estructura ante lo desconocido, ante el correr por correr; ante la inocencia misma del niño que corre porque está aburrido. Correr es la metáfora perfecta para la denuncia, es el grito de alerta del autor, porque, esto ocurrió. Echenoz, no se detiene en los personajes secundarios, solo los enuncia, la historia le pertenecen totalmente a Zátopek, él, es quien guía al lector. Y esto es llamativo, cuando se buscan apoyos al querer contar una historia, Echenoz, omite a los extras, a todos, porque el personaje corre, y solo.
Jean Echenoz es francés y es un autor poco conocido en nuestro país, a pesar de tener publicadas diez novelas y haber recibió varios premios. Correr es su última novela, que la disfruten.
Al releer estos comentarios, recuerdo la tesis de Hemingway sobre el cuento, en su famosa teoría del iceberg, dice: “lo más importante nunca se cuenta”. Y efectivamente, con estos dos libros nos encontramos con que los autores nos cuentan algo que no está dicho. Nos muestran la Historia, la vida y sus circunstancias, nos relatan nuestra propia vida.
Literatura y ciencias sociales, nuevamente volvemos al punto de partida de esta conferencia.
Podemos leer la realidad a través de la ficción, porque, finalmente todo es un juego de caretas, de ocultamientos. Leemos lo que no está dicho. Y a diario, vemos solo, lo que se nos muestra, fragmentado, parcializado, por todo tipo de filtros: medios de comunicación, el apuro de la modernidad, el cansancio, la rutina. Todo o mucho, nos impiden mirar y comprender; leer y entender. Vivimos la paradoja absoluta de la modernidad, somos funámbulos del tiempo, de repetición en repetición. Sufrimos la instantaneidad del las comunicaciones.
Conocí a alguien que murió aplastado por la cultura. Abrumado de tanto estímulo. No supo, nunca supo, que paso por arriba de su vida.
Hoy nos encontramos frente a fenómenos como Facebook, Twitter, Internet. Es como si por años, por muchos años, nos hubiésemos ocultado y ahora, justo ahora, pudiéramos salir y mostrarnos, salir y decir. Pero lo más interesante de este fenómeno, es que es transversal, desde el estudiante, el profesional, el empresario, el político, la dueña de casa. Todos están en la Red.
Facebook cuenta con 500 millones de usuarios y Twitter tiene más de 100 millones de usuarios. En Chile, Facebook más de 5 millones de usuarios.
La realidad, ese espacio poblado de subjetividades.
Pero “y si algún día se llegara a comprobar que nosotros, los eternos penitentes del futuro, hemos vivido en el mejor de los tiempos posibles”, es día ya sería tarde.
Esta frase la dijo el escritor búlgaro Elías Canetti, Premio Nobel 1981, que escribió un libro titulado La lengua absuelta, publicado por Alianza Editorial. Es la autobiografía de los años de infancia del autor, relatada en un lenguaje sencillo. Con una prosa directa, nos relata la experiencia de un niño en el internado, donde no oculta nada, aparentemente. Juzguen ustedes mismos.
“Mi recuerdo más remoto está bañado de rojo. Salgo por una puerta en brazos de una muchacha y a la izquierda desciende una escalera igualmente roja. Frente a nosotros, a la misma altura, se abre una puerta y aparece un hombre sonriente que viene amigablemente hacia mí. Se aproxima mucho, se detiene y me dice: ¡Enséñame la lengua! Yo saco la lengua, él palpa en su bolsillo, extrae una navaja, la abre y acercando el cuchillo junto a mi lengua dice: Ahora le cortaremos la lengua. No me atrevo a retirar la lengua, él se acerca cada vez más hasta rozarla con la hoja. En el último momento retira la navaja y dice: Hoy todavía no, mañana. Cierra la navaja y la guarda en su bolsillo.
Cada mañana cruzamos la puerta y salimos al corredor rojo, se abre la puerta y aparece el hombre sonriente. Sé qué es lo que va a decir y espero su orden para mostrar la lengua. Sé que me la cortará y cada vez tengo más miedo. Así comienza el día, y la historia se repite muchas veces”.
En este pequeño fragmento que he transcrito, podemos observar la crudeza del relato de una historia singular, que gira en torno a lo más elemental, la lengua, el habla. El autor grafica, en esta novela, el abuso, la mordaza, la censura. Canetti subvierte la metáfora, la explosiona en una imagen brutal, donde el lector queda atrapado en una lengua, que es finalmente, la lengua de todos. Una imagen brutal nos llega a través de la lectura, nos hace pensar, reflexionar.
Por otra parte, el efecto metonímico del título nos superpone en el efecto alcanzado en el relato mismo, porque sabes, de ante mano, que no es cortada, Canetti, procura minimizar el impacto del relato. Y por último, no deja de ser llamativo, que sea un libro autobiográfico. La Lengua Absuelta se convierte así, en una novela debeladora de los secretos del propio autor.
Podemos observar la realidad a través de la literatura.
Pierre Bourdieu en su texto Las Reglas del Arte analiza la autonomía del campo literario, pero a la vez, como este se instala y constituye en la educación francesa, a través de uno de los mejores libros de Gustave Flaubert, La Educación Sentimental. Y al igual que Canetti, debela una realidad.
Y si nosotros pudiéramos analizar, nuestra propia realidad a través de nuestros escritores y libros, por ejemplo: Nicomedes Guzmán, Manuel Rojas, José Donoso, entre muchos otros. Por una parte, veríamos, en cada uno de ellos, a una clase social, luego, lo que se constituye como clase al interior de estas y luego la violencia ejercida por estas y en contra de estas.
Por otra parte tenemos el libro Martín Rivas de Alberto Blest Gana, acá vemos claramente los inicios del campo literario chileno, de cómo se constituye, con sus actores y conflictos. Blest Gana escribe este libro en 1862. Este dato nos permite una mirada amplia, en cuanto al análisis que podemos hacer.
Pero no debemos olvidar, que el escritor lo que hace, es contar historias, no hace otra cosa, y serán los lectores los que harán las observaciones, las lecturas, las interpretaciones correspondientes.
Magris dice que “escribir significa transformar la vida en pasado, o sea, envejecer. Escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche”. Y la verdad es que es cierto.
Oscar Wilde escribió sobre la escritura: “Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de unos poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla”.
“Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos” dice Marguerite Duras.
Literatura y Ciencias Sociales. Creo que para entender la realidad, todo vale. Lo importante es, intentar comprenderla.
Y nuevamente, los libros los libros. Esos impertinentes que nos dicen las cosas que no queremos que nadie las diga. Esos irrespetuosos que gritan cuando todos están callados.
Los libros. Mis amigo, los libros.
Presentar libros, es como presentar a un amigo, o en este caso a un grupo de amigos. Cuando pasa eso, cuando le presentamos un amigo a alguien, después queremos que nos digan cosas buenas de ellos. Yo quisiera que después me encontrara con uno de ustedes y me dijera: gracias por presentarme a ese amigo, genial lo que me contó. Eso es presentar un libro, o como hoy, presentar a toda una camarilla de amigotes.
Los libros, los libros. Borges decía que “de los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Libros, caminos y días dan sabiduría, reza un proverbio Árabe. Harold Bloom dice que estar a solas con un buen libro es ser capaz de comprenderse más a sí mismo. Y si es así, cabe preguntarse por qué en Chile se lee tan poco. En el estudio de la Fundación La Fuente “Chile y los libros, 2010, podemos leer que más del 50% de los chilenos no lee libros.
Pierre Jacomet, sabía todo esto sobre los libros y se, sin ninguna duda, que sabía algo más. Sabía mucho de estos amigos, me presentó varios en largas conversaciones. Me presentó a uno que yo solo conocía de nombre, lo había visto en alguna parte. Me presentó Raymond Queneau, y su libro Ejercicios de Estilos, Editorial Cátedra. Libro, en que por donde se lea, encontraremos ingenio, y una lección sencilla, se puede contar una historia, de 100 formas distintas. Queneau, ensaya, 100 formas de una misma historia, ensaya a lo mejor todas las formas de contar lo mismo, ensaya, la vida. Lo que nos lleva por otra parte, en este Congreso de Ciencias Sociales, a todas las formas que tenemos de leer una realidad. Queneau, se especializaba en estos juegos, junto a Italo Calvino y George Perec, crearon el Taller de Escritura Potencial el Oulipo, Taller que se caracterizó, en llevar al paroxismo, el lenguaje y sus variantes, la realidad y sus lecturas. Pero el proyecto Oulipo iba más allá, pues, fue la respuesta a un contexto, a un momento particular, fue la ruptura con una doble serie de ilusiones: las del surrealismo y las sartrianas. La declaración de principios se convirtió en un emblema: "Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca", se lee en la página 38 del libro La littérature potentielle, de la editorial Gallimard. En otras palabras, se plantea nuevas formas de leer la realidad.
Borges decía que ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica. Y Jacomet lo hizo, en su libro Un viaje por mi biblioteca, de la Editorial Catalonia, en este libro Pierre Jacomet nos muestra a sus amigos y, ensaya la crítica al ordenar sus lecturas. Este libro no devela sólo las aficiones del autor, sino, que podemos encontrar una pequeña guía de lectura, pues, encontramos desde el Bhagavad Gita, al Popol Vuh, también los rusos, autores de la Edad Media, libros y autores Contemporáneos y por supuesto, los clásicos. Encontramos en definitiva, su biblioteca.
Los clásicos, son esos libros de los cuales se suele oír decir: “Estoy releyendo...” y nunca “Estoy leyendo...”. O, “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Dice Italo Calvino, en su ensayo Por qué Leer a los clásicos. Es tal la fascinación de este autor, que escribe 14 razones para leer estos libros. Al igual que Jacomet, nos comparten su mundo, sus obsesiones. Cada uno construye una taxonomía de libros y de autores.
Y no puedo dejar de recomendar, a propósito de taxonomías, el libro Las Palabras y las Cosas de Michel Foucault, Editorial Siglo XXI, cuando se sorprende del listado que Borges hace en el texto “El idioma analítico de John Wilkins” y que nos dice:
“Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pensamiento —al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía—, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro. Este texto cita "cierta enciclopedia china" donde está escrito que "los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas".* En el asombro de esta taxonomía, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto”.
Literatura y Ciencias Sociales. Observar la realidad a través de esta. Foucault lo hace aquí y a lo largo de su obra. Pero, la pregunta que abre y nos arroja es “la imposibilidad de pensar esto”. La imposibilidad de pensar la realidad o, los límites de pensar lo social.
Imposibilidad que nos obliga a construir categorías y taxonomías.
El año 2009, la Universidad Diego Portales a través de su editorial, publica el libro “El arte de clasificar a los chilenos”, donde Alfredo Joignant y Pedro Güell son los coordinadores. Es evidente que no todos los chilenos somos iguales, nos dicen los autores en la introducción, pero es mucho menos evidente la respuesta a las preguntas ¿Cuántos tipos de chilenos hay?, ¿qué rasgos definen la identidad de cada grupo y cuáles los diferencian del resto?
Las clasificaciones sociales no vienen dada por la naturaleza, son una construcción social. Ellas son generadas por actores e instituciones con intereses específicos, sean estas iglesias, Estados, agentes del mercado, partidos, ciencias o localidades geográficas. Aún las aparentes clasificaciones “objetivas” que surgen de la cuantificación estadística de algunas características de la población, de la distribución del ingreso o de las caracterizaciones de las opiniones o estilos de consumo, dependen de criterios arbitrarios que permiten la selección de ciertas variables y no de otras. Las clasificaciones no se descubren, sino que se proponen.
Pero aunque las clasificaciones crean realidades, no son iguales a la realidad.
Éstas son algunas preguntas planteadas por este libro, todas ellas abordadas desde la economía, la sociología y la ciencia política. Este es un trabajo que escudriña el fino arte clasificatorio, cuyo resultado es una compleja representación de grupos extraordinariamente diversos, nos dice este libro.
Clasificar, ordenar a los chilenos, es posible hacerlo, o nos pasará lo mismo que a Foucault con la lista de Borges, nos pondrá frente a la imposibilidad de pensar eso.
Claudio Magris, dice en la contraportada de su libro Danubio, que “El libro es un recorrido laberíntico, en la búsqueda del sentido de la vida y de la historia; el viaje, antiguo y a la vez abierto a la más fugitiva realidad de nuestros días, se convierte en una metáfora de la existencia y una aventura en la crisis contemporánea, una odisea de la identidad”.
De la identidad, una odisea. El encuentro que tenemos con el libro es una experiencia total, una experiencia de vida.
El FCE publicó un libro que se titula Breve historia del alma, de Luca Vanzago. ¿Qué es el alma? ¿Dónde se encuentra? ¿De dónde viene? Interroga el autor. El hombre ha intentado responder a estas interrogantes desde mucho tiempo antes que la filosofía reflexionara acerca de ellos. La continua renovación de estas cuestiones a lo largo de los siglos bajo formas muy diversas propone una y otra vez el problema acerca del sentido de la vida y la existencia. El concepto de alma ha sido abordado desde distintas posiciones filosóficas, muchas de ellas opuestas, se lee en la contratapa. En este libro Luca Vanzago busca puntos de contacto entre dichas posiciones con el objeto de lograr una perspectiva que permita reconstruir el significado general de un término que posee múltiples sentidos. Hablar de alma significa hablar de un problema que no encuentra su verdad y auténtica respuesta y solución, de una forma definitiva, sino, por el contrario, en la continua reapertura de la indagación, en la no agotada e inagotable sed de saber qué es el alma, como interrogante, duda o tormento que cada uno siente al preguntarse quién es y por qué es.
Fernando Pessoa escribe en el Libro del desasosiego, edición EMECE, “¿Conoce alguien las fronteras de su alma como para decir, yo soy yo?
Odisea de la identidad como dice Magris. Vuelvo a esas palabras una y otra vez.
Un espejo es un fenómeno físico que causa la reproducción de una imagen en una superficie pulida por la reflexión de la luz. Durante la alta Edad Media, apenas se hizo uso del espejo. Ya, en el siglo XIII, aparecen los primeros espejos de vidrio y cristal de roca sobre una lámina metálica, aunque su uso estuvo poco extendido a nivel popular, al ser considerado poco sobrio y un elemento de vanidad en plena época escolástica.
Los espejo, objetos que reflejan, objetos que nos reflejar.
Borges escribe en el poema Los espejos:
Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos
Estadio del espejo es el nombre que Lacan da al fenómeno que se produce entre los 6 y los 18 meses de edad, cuando el “cachorro” humano reacciona con alborozo al contemplar su imagen en el espejo. Hasta ese punto, el cuerpo no es percibido más que como una serie de sensaciones fragmentadas. Al ver su imagen ante el espejo el niño adquiere la noción de completud de su cuerpo. La imagen que da curso a la adquisición de la noción de completud puede ser una imagen captada en un espejo o bien, la imagen de otro niño. La completud aparente abre la posibilidad de un nuevo dominio del cuerpo.
Al identificarse con un "otro" no es entonces de extrañar que cuando el otro llore el niño llore también, y cuando el otro posea algún objeto, el niño también lo quiera. El Yo se construye, entonces, a partir de una imagen externa, lo cual implica que la identidad nos es dada desde afuera.
Odisea de la identidad como dice Magris.
En el libro Las Memorias de Adriano, editorial Seix Barral, Marguerite Yourcenar construye un personaje, le da identidad al emperador Adriano. La autora nos impresiona con este libro, que no solo está excelentemente documentado, sino, que da vida a un personaje que reflexiona, piensa, sufre y vive en una época que no es la nuestra. En formato de carta, Adriano le escribe a Marco, y se despliega todo un mundo, todo el mundo romano, pero, pero estamos hablando del año 117 d.c., cuando es nombrado Emperador, el sucesor de Trajano.
Con este libro, nos podemos preguntar sobre la identidad, de cómo se va construyendo, con el paso de los años, pero sobre todo, en nuestra niñez. Adriano recuerda y reflexiona. En un ritmo tranquilo, este libro se lee como un texto de historia.
Gabriel Salazar, escribe en su libro Ser niño “huacho” en la historia de Chile (siglo XIX), editorial LOM, que “La historia no es un secretillo de adultos, sino una realidad movediza y envolvente que baña a los adultos lo mismo que a los niños; aunque, tal vez, de distinta manera. Se derrama sobre todos los cercos protectores. Cruza todas las cordilleras verbales. Se filtra a través de todas las burbujas que rebotan en los vidrios”.
La identidad, se aprende y se aprehende desde que nacemos y que está más cercana a la historia, propia, de nuestras familias, en nuestras casas y en nuestro entorno, en el país, en el territorio.
La editorial LOM publicó hace unos años, un libro titulado ¿Chilenos todos? La construcción social de la nación (1810-1840) de los académicos Julio Pinto Vallejos y Verónica Valdivia. En este libro los autores reflexionan sobre lo que nos constituye como nación, o lo que es lo mismo, sobre lo que nos cohesiona como sociedad. La pregunta se hace particularmente en lo que respecta a los sectores más desposeídos y marginalizados, entre los cuales, paradójicamente, los sentimientos nacionales suelen darse con mucha fuerza. Este libro explora en los orígenes de esta sorprendente relación, desde la formación de la Primera Junta de Gobierno hasta el término del primer decenio “portaliano”. Identifica allí los mecanismos a través de los cuales la aristocracia que dirigió la construcción social de la nación procuró incluir o excluir a las y los sujetos populares.
El escritor argentino Leopoldo Marechal dice que “La historia no es una ciencia; es el arte de mostrar una cara limpia y esconder un culo siniestro.
Nuestra identidad, nuestra historia.
Jorge Larraín escribe en su libro Identidad chilena de la editorial LOM, que “la identidad no es una esencia innata dada sino un proceso social de construcción”.
Nuestra identidad está ligada a la historia y cuando hablamos de historia hablamos de memoria. En el libro “La emergencia indígena en América Latina” de José Bengoa, editorial FCE, el autor escribe que “La Historia Republicana, sobre todo en América Latina, han sido y son un intento de relatar la voluntad de unidad del Estado. Es por ellos que los niños en las Escuelas suelen ser bombardeados con fechas de batallas, nombres de próceres, en fin, la historia centralizada, lo más posible, del Estado. Muchas veces ese Estado que aparece ya construido desde una cierta eternidad mítica, es y ha sido un complejo proceso en construcción, no siempre exitoso, tanto ideológico político como técnico profesional”.
Es tan brutal la enseñanza de la Historia, que la etapa anterior a la llegada de los españoles, se le denomina pre historia. “Las culturas y pueblos indígenas quedan normalmente confinadas a un confuso período, en algunos casos heroico, anterior a la Conquista o al choque fecundo que produce el mestizaje” dice José Bengoa.
“La violencia simbólica es una violencia que se ejerce con la complicidad tácita de quienes la padecen y también, a menudo, de quienes la practican en la medida en que unos y otros no son conscientes de padecerla o practicarla” dice Pierre Bourdieu.
“El ideario central en el proceso de formación de naciones en Latinoamérica”, dice Bárbara Silva en su libro Identidad y nación entre dos siglos de la editorial LOM, “proviene, precisamente, del mundo moderno, de las naciones desarrolladas del Atlántico norte. Sin embargo, esto no justifica que por muchos años, e incluso hasta la actualidad, haya primado el afán de imitar por sobre el de apropiar”.
Identidad, Nación, Memoria. Claramente se unen, se juntan, convergen.
Benjamin, dice que “el cronista que hace la relación de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, responde con ello a la verdad de que nada de los que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia”.
Creo que nos falta mucho aún, para construir una identidad nacional, completa, con los grandes y con los pequeños acontecimientos. Con todos los actores, antes y después de los españoles.
A lo mejor nos perdemos en digresiones. A lo mejor buscamos lo complejo de la realidad y no hemos entendido, como dice Bourdieu que “nada hay más arduo que reflejar la banalidad de la realidad”. Son esos detalles, nimiedades banales, donde se vive el sustrato de los que somos.
Y como dice Anatole France, “el porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueño”. Estamos aquí, en este enorme auditorio hablando de libros, frente al mar.
Volvamos a la literatura, Borges dice que “uno, no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Por lo mismo, quiero recomendar libros.
El año pasado Ricardo Piglia publicó el libro Blanco Nocturno con la editorial Anagrama. Este libro se puede definir como una novela total. Un libro que maneja el género policial en forma notable; donde se conjugan los conflictos reales, en un mundo ficcionado; los conflictos campo-ciudad; los prejuicios. Esta novela se inicia como una novela de personajes, como señaló Piglia en una entrevista en Página 12, pero que termina como una novela sobre el campo. Llama la atención que el personaje, que creemos el principal, de pronto, salga de escena y otro tome su lugar. El dinamismo que eso trae, permite la profundad en la historia, imaginar completamente la vida de aquel pueblo. ¿Quién es el personaje principal? Croce, Luca Belladona, Renzi, Tony Durán. Piglia, al igual que Onetti o García Márquez, construye un espacio donde todo es posible, con leyes y códigos propios. En momentos nos recuerda a Santa María de Onetti: la fábrica, el abandono y el sueño de la redención; un extranjero, las noticias y las lejanías de la civilización. Todo un mundo.
La llegada de Tony Durán al pueblo, no es el inicio de la historia, sino, que encaja en otra historia que comenzó con el primer Belladona, el fundador del pueblo. Tony
Durán, es parte del engranaje central, el chivo expiatorio, y su asesinato es la pieza que faltaba para que la maquinaria siga funcionando. El comisario Croce y sus métodos, casi sobrenaturales aportan el ingrediente de realismo mágico. Las hermanas Belladona, con su belleza, su arrogancia, su ímpetu, el misterio propio del género, no hay una mujer, existen dos iguales, dos hermanas gemelas que son el aceite, el lubricante de la máquina. Toda una maraña de sucesos y circunstancias que van envolviendo la lectura, complejizando el desenlace. Sin duda, una novela total.
Y como dice Jaime Balmes, “en la lectura debe cuidarse de dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien”.
El escritor Mauricio Electorat me recomendó que leyera a Jean Echenoz, y lo busqué y leí Correr, uno de sus últimos libros y que publicó la editorial Anagrama. El personaje de esta novela, corre para huir de la dictadura, pero, a la vez, para el régimen es un símbolo, un ejemplo y un rehén, todo junto. Echenoz devela los sistemas autoritarios, tanto el nazismo como el régimen comunista y su pesada sombra en Checoslovaquia, y lo hace a través de la figura de un personaje real, pero ficcionado en este libro, el personaje es el atleta Zátopek. Quién corre, corre a lo largo de las 140 páginas que componen este libro. Corre más rápido que la historia de su país y del mundo. Porque, correr es lo que le daba la vida, pero al mismo tiempo se la robaba, recalca Echenoz. Con un tono directo, sin distracciones en la prosa, el autor invita al lector a leer la Historia, a través de las carreras de un personaje tan real como la ficción. En momentos, seco en las frases que calan hondo. En otros, deslumbra en cada intersticio, en cada descanso que permiten las competencias. Y finalmente, lacera su lectura, por la frialdad que sugiere el correr bajo el stalinismo y el terror de la estructura ante lo desconocido, ante el correr por correr; ante la inocencia misma del niño que corre porque está aburrido. Correr es la metáfora perfecta para la denuncia, es el grito de alerta del autor, porque, esto ocurrió. Echenoz, no se detiene en los personajes secundarios, solo los enuncia, la historia le pertenecen totalmente a Zátopek, él, es quien guía al lector. Y esto es llamativo, cuando se buscan apoyos al querer contar una historia, Echenoz, omite a los extras, a todos, porque el personaje corre, y solo.
Jean Echenoz es francés y es un autor poco conocido en nuestro país, a pesar de tener publicadas diez novelas y haber recibió varios premios. Correr es su última novela, que la disfruten.
Al releer estos comentarios, recuerdo la tesis de Hemingway sobre el cuento, en su famosa teoría del iceberg, dice: “lo más importante nunca se cuenta”. Y efectivamente, con estos dos libros nos encontramos con que los autores nos cuentan algo que no está dicho. Nos muestran la Historia, la vida y sus circunstancias, nos relatan nuestra propia vida.
Literatura y ciencias sociales, nuevamente volvemos al punto de partida de esta conferencia.
Podemos leer la realidad a través de la ficción, porque, finalmente todo es un juego de caretas, de ocultamientos. Leemos lo que no está dicho. Y a diario, vemos solo, lo que se nos muestra, fragmentado, parcializado, por todo tipo de filtros: medios de comunicación, el apuro de la modernidad, el cansancio, la rutina. Todo o mucho, nos impiden mirar y comprender; leer y entender. Vivimos la paradoja absoluta de la modernidad, somos funámbulos del tiempo, de repetición en repetición. Sufrimos la instantaneidad del las comunicaciones.
Conocí a alguien que murió aplastado por la cultura. Abrumado de tanto estímulo. No supo, nunca supo, que paso por arriba de su vida.
Hoy nos encontramos frente a fenómenos como Facebook, Twitter, Internet. Es como si por años, por muchos años, nos hubiésemos ocultado y ahora, justo ahora, pudiéramos salir y mostrarnos, salir y decir. Pero lo más interesante de este fenómeno, es que es transversal, desde el estudiante, el profesional, el empresario, el político, la dueña de casa. Todos están en la Red.
Facebook cuenta con 500 millones de usuarios y Twitter tiene más de 100 millones de usuarios. En Chile, Facebook más de 5 millones de usuarios.
La realidad, ese espacio poblado de subjetividades.
Pero “y si algún día se llegara a comprobar que nosotros, los eternos penitentes del futuro, hemos vivido en el mejor de los tiempos posibles”, es día ya sería tarde.
Esta frase la dijo el escritor búlgaro Elías Canetti, Premio Nobel 1981, que escribió un libro titulado La lengua absuelta, publicado por Alianza Editorial. Es la autobiografía de los años de infancia del autor, relatada en un lenguaje sencillo. Con una prosa directa, nos relata la experiencia de un niño en el internado, donde no oculta nada, aparentemente. Juzguen ustedes mismos.
“Mi recuerdo más remoto está bañado de rojo. Salgo por una puerta en brazos de una muchacha y a la izquierda desciende una escalera igualmente roja. Frente a nosotros, a la misma altura, se abre una puerta y aparece un hombre sonriente que viene amigablemente hacia mí. Se aproxima mucho, se detiene y me dice: ¡Enséñame la lengua! Yo saco la lengua, él palpa en su bolsillo, extrae una navaja, la abre y acercando el cuchillo junto a mi lengua dice: Ahora le cortaremos la lengua. No me atrevo a retirar la lengua, él se acerca cada vez más hasta rozarla con la hoja. En el último momento retira la navaja y dice: Hoy todavía no, mañana. Cierra la navaja y la guarda en su bolsillo.
Cada mañana cruzamos la puerta y salimos al corredor rojo, se abre la puerta y aparece el hombre sonriente. Sé qué es lo que va a decir y espero su orden para mostrar la lengua. Sé que me la cortará y cada vez tengo más miedo. Así comienza el día, y la historia se repite muchas veces”.
En este pequeño fragmento que he transcrito, podemos observar la crudeza del relato de una historia singular, que gira en torno a lo más elemental, la lengua, el habla. El autor grafica, en esta novela, el abuso, la mordaza, la censura. Canetti subvierte la metáfora, la explosiona en una imagen brutal, donde el lector queda atrapado en una lengua, que es finalmente, la lengua de todos. Una imagen brutal nos llega a través de la lectura, nos hace pensar, reflexionar.
Por otra parte, el efecto metonímico del título nos superpone en el efecto alcanzado en el relato mismo, porque sabes, de ante mano, que no es cortada, Canetti, procura minimizar el impacto del relato. Y por último, no deja de ser llamativo, que sea un libro autobiográfico. La Lengua Absuelta se convierte así, en una novela debeladora de los secretos del propio autor.
Podemos observar la realidad a través de la literatura.
Pierre Bourdieu en su texto Las Reglas del Arte analiza la autonomía del campo literario, pero a la vez, como este se instala y constituye en la educación francesa, a través de uno de los mejores libros de Gustave Flaubert, La Educación Sentimental. Y al igual que Canetti, debela una realidad.
Y si nosotros pudiéramos analizar, nuestra propia realidad a través de nuestros escritores y libros, por ejemplo: Nicomedes Guzmán, Manuel Rojas, José Donoso, entre muchos otros. Por una parte, veríamos, en cada uno de ellos, a una clase social, luego, lo que se constituye como clase al interior de estas y luego la violencia ejercida por estas y en contra de estas.
Por otra parte tenemos el libro Martín Rivas de Alberto Blest Gana, acá vemos claramente los inicios del campo literario chileno, de cómo se constituye, con sus actores y conflictos. Blest Gana escribe este libro en 1862. Este dato nos permite una mirada amplia, en cuanto al análisis que podemos hacer.
Pero no debemos olvidar, que el escritor lo que hace, es contar historias, no hace otra cosa, y serán los lectores los que harán las observaciones, las lecturas, las interpretaciones correspondientes.
Magris dice que “escribir significa transformar la vida en pasado, o sea, envejecer. Escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche”. Y la verdad es que es cierto.
Oscar Wilde escribió sobre la escritura: “Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de unos poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla”.
“Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos” dice Marguerite Duras.
Literatura y Ciencias Sociales. Creo que para entender la realidad, todo vale. Lo importante es, intentar comprenderla.
Y nuevamente, los libros los libros. Esos impertinentes que nos dicen las cosas que no queremos que nadie las diga. Esos irrespetuosos que gritan cuando todos están callados.
Los libros. Mis amigo, los libros.
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Generalmente, cuando nos falta o dejamos de tener algo, nos damos cuenta de la importancia que puede tener. Con esta frase de sentido común me quiero referir a los medios de comunicación, sobre todo cuando uno está por desaparecer. Que hacemos, hoy podemos detenernos, reflexionar y preguntarnos: ¿Qué es un medio de comunicación entonces? ¿Para qué sirve y cuál es el papel que cumple?
El 31 de julio deja de transmitir, después de 74 años, la Radio Agricultura de Valparaíso, y con ella, todos sus programas regionales. Como parte de la programación de la radio a través del programa Cuentos y otras Letras, quisiera hacer la reflexión y aportar algunas palabras.
Los medios de comunicación son los instrumentos mediante los cuales se informa y se comunica de forma masiva; son la forma, el medio por el cual las personas, los miembros de una sociedad o de una comunidad se enteran de lo que sucede a su alrededor a nivel económico, político, social, cultural, etc. Los medios de comunicación son la representación física de la comunicación en nuestro mundo; es decir, son el canal mediante el cual la información se obtiene, se procesa y, finalmente, se expresa, se comunica.
La radio como medio de comunicación logra lo que ningún otro soporte logra, magia, pues, crea imágenes, colores, sonidos, voces y personajes sin necesidad de mostrarlos. La imaginación actúa por completo al escuchar la radio, es como leer un libro. La importancia de la radio está en esa magia, de escuchar e imaginar.
El cierre de la Radio Agricultura de Valparaíso el próximo 31 de julio nos debiera entristecer, porque, desaparece un espacio que nos hace soñar, un medio que es mágico. Cierre de la Radio Agricultura nos debiera preocupar, porque simplemente deja de funcionar una Radio.
directormejorsale@gmail.com
Generalmente, cuando nos falta o dejamos de tener algo, nos damos cuenta de la importancia que puede tener. Con esta frase de sentido común me quiero referir a los medios de comunicación, sobre todo cuando uno está por desaparecer. Que hacemos, hoy podemos detenernos, reflexionar y preguntarnos: ¿Qué es un medio de comunicación entonces? ¿Para qué sirve y cuál es el papel que cumple?
El 31 de julio deja de transmitir, después de 74 años, la Radio Agricultura de Valparaíso, y con ella, todos sus programas regionales. Como parte de la programación de la radio a través del programa Cuentos y otras Letras, quisiera hacer la reflexión y aportar algunas palabras.
Los medios de comunicación son los instrumentos mediante los cuales se informa y se comunica de forma masiva; son la forma, el medio por el cual las personas, los miembros de una sociedad o de una comunidad se enteran de lo que sucede a su alrededor a nivel económico, político, social, cultural, etc. Los medios de comunicación son la representación física de la comunicación en nuestro mundo; es decir, son el canal mediante el cual la información se obtiene, se procesa y, finalmente, se expresa, se comunica.
La radio como medio de comunicación logra lo que ningún otro soporte logra, magia, pues, crea imágenes, colores, sonidos, voces y personajes sin necesidad de mostrarlos. La imaginación actúa por completo al escuchar la radio, es como leer un libro. La importancia de la radio está en esa magia, de escuchar e imaginar.
El cierre de la Radio Agricultura de Valparaíso el próximo 31 de julio nos debiera entristecer, porque, desaparece un espacio que nos hace soñar, un medio que es mágico. Cierre de la Radio Agricultura nos debiera preocupar, porque simplemente deja de funcionar una Radio.
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El fútbol es un deporte que ha gatillado todo tipo de pasiones. Se ha instalado como práctica en nuestro país, y hoy, es difícil abstraerse. Y podemos encontrar a escritores como Juan Villoro o Eduardo Galeano escribir con maestría y pasión sobre el deporte. Nosotros, como Revista Mejor Sale, tampoco hemos querido quedar fuera de esta verdadera ola futbolera que ha llegado en estos días a nuestro país, no podemos estar ajenos a una manifestación cultural tan potente.
Durante esta semana nos podremos mirar en una práctica cultural que ya tiene historia entre nosotros, tanto como país, como en nuestras vidas familiares. Yo recuerdo haber crecido frente al Estadio Nacional y concurrir a los partidos de fútbol, como algo “normal”, como algo dado desde antes que yo naciera, ya que las historias del futbol, ya estaban, nos esperan. Muchas casas se movilizaban en torno a este deporte cada fin de semana. Hoy, podemos palpar, con mayor intensidad aquello y, ya no sólo como pasión masculina, sino que como parte de una manifestación de hombres y mujeres.
Durante esta semana tenemos la oportunidad de mirarnos, de observar a nuestro vecino, a nuestro compañero de trabajo, a nuestro amigo, que estará, como la gran mayoría, en espera del ansiado gol. Se vive y se sueña a través del fútbol, se vive y se sueña un país distinto, un país que llegue a las finales, que llegue a la meta, un país donde el éxito, no sea sólo de algunos, sino que de todos, de mi compañero de trabajo, de mi vecino, de mi amigo.
Durante esta semana, tenemos la oportunidad de reconocernos en los otros, que como espejo, nos construye.
Durante esta semana, podemos soñar un Chile, con todos incluidos.
directormejorsale@gmail.com
El fútbol es un deporte que ha gatillado todo tipo de pasiones. Se ha instalado como práctica en nuestro país, y hoy, es difícil abstraerse. Y podemos encontrar a escritores como Juan Villoro o Eduardo Galeano escribir con maestría y pasión sobre el deporte. Nosotros, como Revista Mejor Sale, tampoco hemos querido quedar fuera de esta verdadera ola futbolera que ha llegado en estos días a nuestro país, no podemos estar ajenos a una manifestación cultural tan potente.
Durante esta semana nos podremos mirar en una práctica cultural que ya tiene historia entre nosotros, tanto como país, como en nuestras vidas familiares. Yo recuerdo haber crecido frente al Estadio Nacional y concurrir a los partidos de fútbol, como algo “normal”, como algo dado desde antes que yo naciera, ya que las historias del futbol, ya estaban, nos esperan. Muchas casas se movilizaban en torno a este deporte cada fin de semana. Hoy, podemos palpar, con mayor intensidad aquello y, ya no sólo como pasión masculina, sino que como parte de una manifestación de hombres y mujeres.
Durante esta semana tenemos la oportunidad de mirarnos, de observar a nuestro vecino, a nuestro compañero de trabajo, a nuestro amigo, que estará, como la gran mayoría, en espera del ansiado gol. Se vive y se sueña a través del fútbol, se vive y se sueña un país distinto, un país que llegue a las finales, que llegue a la meta, un país donde el éxito, no sea sólo de algunos, sino que de todos, de mi compañero de trabajo, de mi vecino, de mi amigo.
Durante esta semana, tenemos la oportunidad de reconocernos en los otros, que como espejo, nos construye.
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¿De qué hablamos cuando hablamos de Identidad?
Somos un amasijo de partes aprendidas y de partes inventadas. Somos lo que unos dicen que somos y somos lo que alguna vez, soñamos con ser. Somos todo eso y más.
Cuando hablamos de Identidad nos referimos al proceso de construcción en la que los individuos se definen a sí mismos, en una interacción simbólica con otras personas, al mismo tiempo cultural, material y social.
Al desentrañar los componentes de nuestra Identidad como chilenos o como porteños, nos encontramos con aquellos símbolos tan propios y tan ajenos que nos identifican. Por lo tanto, para responder la pregunta que nos hacemos, necesariamente tenemos que mirarnos, mirar nuestras prácticas, mirar los símbolos tanto materiales como inmateriales.
Y si de Identidad hablamos, desde esta ciudad única, desde aquí, desde val-paraíso propongo una pregunta: ¿desde dónde nos situamos para mirar Valparaíso? Desde el barrio puerto, desde el Almendral, desde los Cerros Alegre y Concepción, desde el Cerro Polanco, desde Playa Ancha, o desde el mar, en una noche sin luna.
Propongo mirar Valparaíso como un todo, con todos incluidos. Los de arriba y con los de abajo, pero lo más importante, poder mirar más allá de sus fronteras, mirar la región. Porque, estoy seguro al mirarnos, descubramos finalmente, que tenemos más en común de lo que creemos.
Propongo el salto al sueño, a la construcción de la utopía de Valparaíso como región.
directormejorsale@gmail.com
¿De qué hablamos cuando hablamos de Identidad?
Somos un amasijo de partes aprendidas y de partes inventadas. Somos lo que unos dicen que somos y somos lo que alguna vez, soñamos con ser. Somos todo eso y más.
Cuando hablamos de Identidad nos referimos al proceso de construcción en la que los individuos se definen a sí mismos, en una interacción simbólica con otras personas, al mismo tiempo cultural, material y social.
Al desentrañar los componentes de nuestra Identidad como chilenos o como porteños, nos encontramos con aquellos símbolos tan propios y tan ajenos que nos identifican. Por lo tanto, para responder la pregunta que nos hacemos, necesariamente tenemos que mirarnos, mirar nuestras prácticas, mirar los símbolos tanto materiales como inmateriales.
Y si de Identidad hablamos, desde esta ciudad única, desde aquí, desde val-paraíso propongo una pregunta: ¿desde dónde nos situamos para mirar Valparaíso? Desde el barrio puerto, desde el Almendral, desde los Cerros Alegre y Concepción, desde el Cerro Polanco, desde Playa Ancha, o desde el mar, en una noche sin luna.
Propongo mirar Valparaíso como un todo, con todos incluidos. Los de arriba y con los de abajo, pero lo más importante, poder mirar más allá de sus fronteras, mirar la región. Porque, estoy seguro al mirarnos, descubramos finalmente, que tenemos más en común de lo que creemos.
Propongo el salto al sueño, a la construcción de la utopía de Valparaíso como región.
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Somos Cultura
Marcelo Beltrand Opazo / Director
directormejorsale@gmail.com
Se puede partir de cualquier cosa, una caja de fósforos, un golpe de viento en el tejado, el estudio número 3 de Scriabin, un grito allá abajo en la calle, esa foto del Newsweek, el cuento del gato con botas. Nosotros, hemos partido con una revista. Cortázar propone partir de cualquier cosa, pero partir, porque además, no sabemos a qué, sólo sabemos que llegaremos a algún lado.
Con la cultura nos pasa eso, partimos haciendo, proponiendo, actuando, escribiendo, pintando, organizando. Siempre partimos sin saber si llegaremos. Porque hay otros que están a la espera de que ocurra algo, están a la espera de que alguien provoque el acontecimiento.
Este es el cuarto número de la Revista y, aún no sabemos si llegaremos. Sólo sabemos que hemos partido.
No quisimos esperar a otros. Quisimos comenzar nosotros a construir el territorio y, sin saber si podríamos. Y las palabras de Cortázar vuelven ante mí: … llegar no se sabe a qué, y el riesgo está en que en una hora final descubras que caminaste volaste corriste reptaste quisiste esperaste luchaste y entonces, entre tus manos tendidas en el esfuerzo último…
Y en ese momento queremos decir, cien veces, que se puede partir de cualquier cosa, porque siempre, hay que partir.
Marcelo Beltrand Opazo / Director
directormejorsale@gmail.com
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Se puede partir de cualquier cosa, una caja de fósforos, un golpe de viento en el tejado, el estudio número 3 de Scriabin, un grito allá abajo en la calle, esa foto del Newsweek, el cuento del gato con botas. Nosotros, hemos partido con una revista. Cortázar propone partir de cualquier cosa, pero partir, porque además, no sabemos a qué, sólo sabemos que llegaremos a algún lado.
Con la cultura nos pasa eso, partimos haciendo, proponiendo, actuando, escribiendo, pintando, organizando. Siempre partimos sin saber si llegaremos. Porque hay otros que están a la espera de que ocurra algo, están a la espera de que alguien provoque el acontecimiento.
Este es el cuarto número de la Revista y, aún no sabemos si llegaremos. Sólo sabemos que hemos partido.
No quisimos esperar a otros. Quisimos comenzar nosotros a construir el territorio y, sin saber si podríamos. Y las palabras de Cortázar vuelven ante mí: … llegar no se sabe a qué, y el riesgo está en que en una hora final descubras que caminaste volaste corriste reptaste quisiste esperaste luchaste y entonces, entre tus manos tendidas en el esfuerzo último…
Y en ese momento queremos decir, cien veces, que se puede partir de cualquier cosa, porque siempre, hay que partir.
Marcelo Beltrand Opazo / Director
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+ Arte + Cultura
Marcelo Beltrand Opazo / Director
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Decir desarrollo cultural de una ciudad, de un país, es como decir, que la ciudad o ese país, se miran, reconocen y dan a sus creadores y manifestaciones artísticas un valor social. Ahora bien, la cultura no se limita al arte, sino que es mucho más que eso. Entendemos que la cultura son todas las manifestaciones, las prácticas de un pueblo.
Entonces, qué significa que una ciudad se desarrolle culturalmente. Desarrollo cultural de una ciudad, es igual a bien-estar de los habitantes de la ciudad, de sus barrios y cerros. Y el bien-estar de una persona no solo pasa por lo económico, sino, por tener la información y poder tomar decisiones con ella. Información de todo tipo, económica, política y cultural.
Es así, que en estas semanas hemos constatado la importancia de que exista un espacio donde publicar y avisar las actividades culturales, un espacio que muestre y demuestre la cultura como necesidad y valor esencial de una ciudad, de un país. Un espacio que nos permita, como espejo, mirarnos y reconocernos en nuestras prácticas, y decir: esos hacemos, a estos nos dedicamos, así nos entretenemos.
Mejor Sale, es ese espacio, es el lugar donde podemos ver las distintas prácticas culturales de nuestra ciudad. Mejor Sale es ese espejo cultural que la ciudad necesita.
Somos espejo y mapa cultural.
directormejorsale@gmail.com
Decir desarrollo cultural de una ciudad, de un país, es como decir, que la ciudad o ese país, se miran, reconocen y dan a sus creadores y manifestaciones artísticas un valor social. Ahora bien, la cultura no se limita al arte, sino que es mucho más que eso. Entendemos que la cultura son todas las manifestaciones, las prácticas de un pueblo.
Entonces, qué significa que una ciudad se desarrolle culturalmente. Desarrollo cultural de una ciudad, es igual a bien-estar de los habitantes de la ciudad, de sus barrios y cerros. Y el bien-estar de una persona no solo pasa por lo económico, sino, por tener la información y poder tomar decisiones con ella. Información de todo tipo, económica, política y cultural.
Es así, que en estas semanas hemos constatado la importancia de que exista un espacio donde publicar y avisar las actividades culturales, un espacio que muestre y demuestre la cultura como necesidad y valor esencial de una ciudad, de un país. Un espacio que nos permita, como espejo, mirarnos y reconocernos en nuestras prácticas, y decir: esos hacemos, a estos nos dedicamos, así nos entretenemos.
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